Eres los
caminos que elegí caminar, recorrí
enseres
y brasieres, ninguno tan transparente
como tú.
Tu olor,
siempre retocado en perfumes artificiales
de
azúcar y piñata, de atrevida presencia como las
modas
pasadas que hacen atraer a casados, desesperados,
poco
esperanzados.
Eres
parte de las sorpresas que desvían y encausan,
aquellas
que son luciérnagas en la playa de noche,
aquellas
que agradeces su presencia, que traen respuestas
y te
hacen preguntas.
Tu
mirada, no falla ocasiones para decretar juicios finales,
o para
darme pases cortesía y navegar en ella. A veces
llora un
cristal de perla, a veces grita, a veces muerde,
a veces
desea, pero nunca calla.
No eres
errante de las pruebas del destino, eres
fanática
de acertijos, persigues esos donde las respuestas
son
estacas que clavas en tu piel, piel morena que no quiero
que
tatúes, perdería su color nativo, mujer firme y aguerrida,
delicada
y enamorada.
Tu
sonrisa esperanza mis pueblos, a mis rivales, a mis cosechas,
ha hecho
de mí un hombre más sereno, que apaga el teléfono
si te
tiene al lado y se acuesta a dormir entre diente y diente,
entre
labios rojos y entre gotas de esencia divina. Tu sonrisa
convierte
logros en victorias, navega mares de fiestas y le
prende
una velita a su deidad.
Eres, mi
amada, la paz del camino que no encontraba
entre
publicaciones y cornetas, aquella lengua muerta
que sólo
hablo cuando estamos juntos, aquella bailada
aquella
sonada bajo la luna llena, aquella luna que ahora
es
llena.
El café
que te espera servido en la mesa. Veo tu cabello,
hago
reverencia. Escribiré versos esperando un discurso,
y en
cada curva hay un te amo, y en cada pelo hay un
secreto,
y en tu sonrisa un universo, y en tu palabra
hay un
sendero.
Eres un
baile bien orientado, un premio que obtienes y que
no
celebras, un libro del romanticismo, una pintura melancólica.
Eres
claridad, que despoja mis dudas, mis penas y heridas, que
no se
fatiga y me brinda paseos en sus pechos que me ha regalado.
Eres mi
amor que no dejo escapar, si escapa, se me van
Los
alientos de mi vida. ¿De qué sirve la siembra del campesino
si su
esfuerzo no es repartido? ¿De que sirven los paisajes si nadie
los
puede pintar? ¿De qué sirven? Estas cartas de amor con
único
destinatario, esas promesas que se vuelven ley de vida,
que se
hacen objetivos del milenio.
Si
apareces de la nada, alivias tormentas, perdonas pecados,
los
perdonas, menos los tuyos, pecadora, que buscas mis
espacios
débiles y me atacas a la carne, desnuda.
¿Cómo no
me vas a dominar con esas caderas benditas?
¿Cómo no
te voy a querer enamorar así? ¿Cómo no
voy a
querer escribir mi vida contigo? …