jueves, 16 de junio de 2016

Trazos de colores.

                                                                                                           

Eres los caminos que elegí caminar, recorrí
enseres y brasieres, ninguno tan transparente
como tú.
Tu olor, siempre retocado en perfumes artificiales
de azúcar y piñata, de atrevida presencia como las
modas pasadas que hacen atraer a casados, desesperados,
poco esperanzados.
Eres parte de las sorpresas que desvían y encausan,
aquellas que son luciérnagas en la playa de noche,
aquellas que agradeces su presencia, que traen respuestas
y te hacen preguntas.
Tu mirada, no falla ocasiones para decretar juicios finales,
o para darme pases cortesía y navegar en ella. A veces
llora un cristal de perla, a veces grita, a veces muerde,
a veces desea, pero nunca calla.
No eres errante de las pruebas del destino, eres
fanática de acertijos, persigues esos donde las respuestas
son estacas que clavas en tu piel, piel morena que no quiero
que tatúes, perdería su color nativo, mujer firme y aguerrida,
delicada y enamorada.
Tu sonrisa esperanza mis pueblos, a mis rivales, a mis cosechas,
ha hecho de mí un hombre más sereno, que apaga el teléfono
si te tiene al lado y se acuesta a dormir entre diente y diente,
entre labios rojos y entre gotas de esencia divina. Tu sonrisa
convierte logros en victorias, navega mares de fiestas y le
prende una velita a su deidad.
Eres, mi amada, la paz del camino que no encontraba
entre publicaciones y cornetas, aquella lengua muerta
que sólo hablo cuando estamos juntos, aquella bailada
aquella sonada bajo la luna llena, aquella luna que ahora
es llena.
El café que te espera servido en la mesa. Veo tu cabello,
hago reverencia. Escribiré versos esperando un discurso,
y en cada curva hay un te amo, y en cada pelo hay un
secreto, y en tu sonrisa un universo, y en tu palabra
hay un sendero.
Eres un baile bien orientado, un premio que obtienes y que
no celebras, un libro del romanticismo, una pintura melancólica.
Eres claridad, que despoja mis dudas, mis penas y heridas, que
no se fatiga y me brinda paseos en sus pechos que me ha regalado.
Eres mi amor que no dejo escapar, si escapa, se me van
Los alientos de mi vida. ¿De qué sirve la siembra del campesino
si su esfuerzo no es repartido? ¿De que sirven los paisajes si nadie
los puede pintar? ¿De qué sirven? Estas cartas de amor con
único destinatario, esas promesas que se vuelven ley de vida,
que se hacen objetivos del milenio.
Si apareces de la nada, alivias tormentas, perdonas pecados,
los perdonas, menos los tuyos, pecadora, que buscas mis
espacios débiles y me atacas a la carne, desnuda.
¿Cómo no me vas a dominar con esas caderas benditas?
¿Cómo no te voy a querer enamorar así? ¿Cómo no
voy a querer escribir mi vida contigo? … 

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