La juventud desde siempre se ha
mostrado como el actor más puro dentro de los movimientos sociales. Por ello, “La
Juventud” tal y como se presenta, es una voz que nunca deja de ser escuchada,
pues siempre está llamada a decir la verdad sin necesidad de pensar en costos
políticos. Esta esencia de ser joven que ha quedado plasmada en la memoria
colectiva desde hace muchísimos años en nuestro país, es la que hoy nos permite
decir que somos uno de los sectores de la sociedad con mayor legitimidad.
Venezuela
es un país que no goza de libertades y mucho menos oportunidades para los jóvenes.
Por supuesto, le debemos esto a quienes son responsables de que hoy nuestro
país esté sumido en la miseria y que en consecuencia hayan más compañeros
haciendo colas por comida que en colegios y universidades.
La
acción política sería un error resumirla a la mera militancia partidista, pues
se atentaría contra la concepción del hombre como “animal político”, quien
posee capacidades naturales de socialización y de organización, dando cabida a
la ejecución de sus planteamientos no sólo desde partidos sino desde
instituciones, fundaciones, universidades, movimientos sociales de tipo
cultural, académico, entre otros.
Con lo
anterior queda claro que la política está íntimamente vinculada al quehacer que
permita beneficiarnos a todos como colectivo, tras el reconocimiento de
garantías individuales, es decir, sería un error caer en el debate en el que
cayeron las generaciones pasadas sobre
si la política es sucia o no lo es, pues la política será sucia en la medida
que sus actores así lo sean.
¿Qué
pasa con la juventud partidista? No quiero cometer uno de los pecados capitales
para la sociología como lo es caer en la generalización, sin embargo, creo que existe una visión muy
unificada sobre el poco papel de decisión, la poca discusión y formación
teórica, y la muy escaza rigurosidad que hoy existe en las juveniles nacionales
de los partidos. Hoy pareciera que las juventudes están destinadas a hacer amén
de lo que digan las cúpulas dentro de las organizaciones políticas, malgastando
todo el capital que como jóvenes podemos aportar para salir de la crisis.
Los jóvenes
deberíamos estar más a la cabeza de los procesos, porque sí y porque nos toca,
porque como jóvenes debemos asumir la responsabilidad histórica de levantar
nuestras voces ante cualquier injusticia. Los procesos que asumamos, deben ir
encausados por restablecer la democracia en nuestro país, sólo en democracia
empezaremos a dar pasos hacia una Venezuela de bienestar.
Los
partidos políticos tienen una naturaleza hegemónica. No sólo les interesa
ocupar todos los espacios de representación, lo cual es legítimo, sino también
buscan manejar los discursos que subyacen éstas organizaciones, lo cual
representa una amenaza a la que debemos estar alerta, debido a que esto
conlleva al sometimiento por parte de los partidos a espacios que deben ser
autónomos y cuya voluntad auténtica, los cuales bajo esta realidad, pierden su
norte y su esencia.
Hoy
Venezuela vive unos tiempos difíciles, pero lo que lo hace más difícil dentro
de ésta crisis social y humanitaria, es que son muy pocas las voluntades
políticas que se presentan como una oposición tajante a la par del régimen. No
hay movilización alguna, no hay debate en las calles,
nuestras plazas no congregan a sus ciudadanos y las noticias son cada vez
peores. Ya la gente no se indigna por saber que un venezolano está preso porque
representa una amenaza para el gobierno.
Ante esta
realidad, la irreverencia debería ser el camino que permita a Venezuela superar
los estragos que le han generado, en la que los jóvenes libres constituyen un
pilar de acción fundamental para enfrentar al régimen y la inacción u omisión,
quizás cómplice, de muchos actores.
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